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martes, 19 de enero de 2010

“Mi homenaje a Gardel es cada vez que subo a un escenario”

Pasión de juventud es lo que define a Esteban Riera. En esta entrevista nos relata como fueron sus primeros pasos



En la actualidad este joven tanguero es parte del espectáculo "Vibraciones del alma", un show de tango-danza donde los himnos del tango resurgen con la potencia de su voz. Estuvo junto a Julio Bocca y a tantos otros maestros a lo largo de su carrera. De chico descubrió la magia del dos por cuatro, casi como un llamado del destino y nunca más se alejó de ese rumbo. En este encuentro narra su paso por los festivales más importantes del género y cómo llego a editar Soy cantor, su primer disco. También nos habla del reencuentro con el cantor que le inspiró la música de Buenos Aires.

Ahí va un tango

La relación entre Esteban Riera y el tango comenzó como un amor a primera vista. El piso de Si lo sabe cante, mítico concurso musical conducido por Roberto Galán, fue donde, con sólo 18 años, conoció el dos por cuatro: “Escuché a un muchacho cantar un tango. La música me llegó de una manera especial. Yo estaba con la música anglosajona, más de rock. Cuando lo escuché dije “ah, ¿qué es esto que nunca antes había escuchado con atención?” Ahí me empecé a familiarizar con el tango. Tras eso, el papá de un amigo me regaló un CD del polaco Goyeneche, con ese disco me enamoré del tango”.

Pensamiento tanguero

Riera seleccionó un repertorio: “Fue con el que comencé a presentarme. Cantaba música melódica, de tanto en tanto mechaba algunos tangos”. Las coincidencias de la vida, acaso el destino, una vez más fue a golpear a su puerta. Una noche que cantó en un jardín de infantes, Claudio Tagini, el hijo del famoso autor, Armando Tagini, oyó su voz. Le sorprendió que alguien tan joven cantara tango, le aconsejó “encarar más”. No sólo eso, también lo invitó a participar en Proyecto Tango, asociación civil del Abasto. Allí el objetivo era reinsertar el tango en la familia a través de los jóvenes. Tras visitar el barrio, Riera comenzó a empaparse y a volcarse “definitivamente en el género”.

Chamberguito de los gauchos

En ese momento, trabajaba en un estudio contable jurídico, hacía tribunales y escritos, estaba en la facultad de derecho de la UBA. Por el otro lado, los ratos libres los dedicaba a sus presentaciones entonando el dos por cuatro. Hasta que entre 2003 y 2004 su carrera musical tomaría una recta, que lo llevaría del Abasto a Cosquín. A fines de 2002, ganó la undécima edición del concurso Hugo del Carril, organizado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad. Por ese entonces, Riera se hizo amigo de la gente de Almatango, que estaba en Sarmiento y Bustamante. Tuvo un lugar en el espectáculo de los sábados. Un día Ofelia, la dueña, lo anotó para audicionar en el pre Cosquín. “Me dijo que el tango es el folclore de la ciudad, me tenía fe”, recuerda el artista. “Después de dudar fui. Pasé las dos rondas y quedé”. Allí ganó como solista vocal masculino y fue a cantar al festival mayor. “Lo que menos esperaba era salir revelación de Cosquín 2004”, rememora con asombro.

Soy cantor

De regreso a Buenos Aires, haber representado a la ciudad en un festival le abrió “muchas puertas”. En este sentido, lo llamaron de la Secretaría de Cultura, le ofrecieron, en compensación, actuar con la Orquesta de la Ciudad, dirigida por el maestro Raúl Garello. El día del estreno “fue doble el desafío”. “Antes de ingresar a la Orquesta de Tango de Buenos Aires Riera sólo había tocado con dos guitarras. Esta vez, pasó a tener cuarenta músicos atrás y el estreno del tema Soy cantor, que ganó como composición inédita en el Hugo del Carril. En el marco del Día del Tango, 11 de diciembre, en el teatro Astral se dio el reto. “Fue un momento único. Cuando salí al escenario me temblaba todo el cuerpo. Después hubo una gran ovación”, afirma. En este marco, renunció a su trabajo de oficinista: “Quería crecer con la música”. Ese mismo año, vio en un diario una convocatoria de artistas, el ganador podía grabar un disco. La selección fue en el festival cordobés de La Falda. Quedaron cuatro finalistas, de la ciudad. A través del voto de la gente, Riera ganó y al año siguiente presentó su disco. El momento de grabar Soy Cantor para Riera fue una experiencia “muy fuerte”.

Barrio reo

“Me he vinculado mucho con gente del Abasto a través de distintos puntos donde trabajan con el tango”, reconoce. De la zona subraya: “En estos últimos diez años este barrio le ha dado mucha identidad a nuestra cultura, es para seguir ese ejemplo. Va más allá del legado de Gardel, es la gente que conforma este barrio la que generó el protagonismo que tiene hoy el tango”. Por otro lado, reflexiona: “Es importante defender la cultura nacional a través del barrio”.

El cantor de Buenos Aires

Para que sea tango, hay que mencionar al Morocho. En palabras de Riera: “Para mí los homenajes a Gardel son cada vez que me subo al escenario, es el tango por excelencia”. Más allá, de su música, este cantor rescata que “uno a cualquier parte que vaya, Carlitos no es sólo sinónimo de tango, sino de la Argentina”. “Uno se siente orgulloso de estar representado por un artista de tal naturaleza, de que haya sido argentino y que haya hecho tango. Es parte de nuestro ADN” afirma con entusiasmo. En su memoria, el tanguero afirma que el Morocho del Abasto “está presente todos los días” de su vida; “no sólo el 24 de junio y el 11 de diciembre”.

Buenos Aires, cómo quisiera

“Se está volviendo a instalar el tango”, reconoce, en comparación con décadas anteriores. Por eso, rescata que se lo fomente: “En la ciudad con festivales, hay una movida importante, como es el Festival Internacional de Tango de Buenos Aires, este mes”. Va a ser el primer año en que se presente como solista, estuvo en ediciones anteriores como invitado de un sexteto. Por otro lado, el año pasado presenció el Mundial y el Festival Internacional de Tango. “A uno le gustaría que fuera más seguido”, bromea. Dicho sea de paso, este cantor afirma: “Es importante que el tango trascienda la ciudad y se hagan grandes festivales en otros puntos del país, como el de La Falda en Córdoba, que tiene un gran nivel. Hay artistas consagrados y nuevas generaciones, por eso uno siente que le dan lugar. Es lo que a nosotros nos anima a seguir haciendo cosas”, manifiesta. En este sentido, arriesga: “Hoy en día hay un reducto muy importante de jóvenes tangueros”.

Yo no sé qué me han hecho tus ojos

Como gran conocedor de esta música de arrabal, Riera afirma que el tango “posee un nivel de excelencia”. Reconoce que “es respetado por músicos de otros géneros”. Más aún, el tango es “admirado por la gente que hace música clásica, género de elite”. Las razones son muchas y algunas no poseen una explicación a ciencia cierta, pero Riera arrima su versión: “Esto se debe a que posee pasajes musicales complejos. Es para sentarse y escuchar con detenimiento. Con la letra pasa lo mismo, los tipos desarrollan una historia a través de una canción. Eso es lo interesante del tango y lo que lo ha mantenido vivo durante todos estos años”. “Es misterioso que a todos nos llama un poquito”, señala entre risas.

Volver

Como un tango, la historia del regreso se hace presente en la vida de Riera. Aquel muchacho que despertó su vocación de tanguero, Volvió una noche: “Hace un año atrás estaba comiendo en una pizzería y lo veo entrar. Se llama Carlos Leguiza, me quedó grabado el nombre del día que cantó. Me acerqué y rememoramos aquella ocasión. Le dije que con su canto me había despertado el interés por el tango. Resulta que me conocía de nombre. Fue lindo verlo otra vez y decirle gracias, le tenía que agradecer por aquel momento”, asegura. “El tipo asintió con una sonrisa, como diciendo enhorabuena que uno va sumando discípulos”, concluye Riera.

El milagro del tango fue a golpear a su puerta de chiquilín. Hizo Escuela de tango con los grandes como Tagini y la Orquesta de la Ciudad. Su voz se mezcla con Música de bandoneón, para arrancarle una sonrisa al Morocho, que lo aplaude bajo una luna de arrabal. Gime bandoneón de tango gris, que Riera le pone el alma a la milonga de Buenos Aires

jueves, 14 de enero de 2010

“El tango es una obra de teatro”

Entrevista a Osvaldo Peredo, quién canta tangos en El boliche de Roberto, lugar histórico de Almagro


Osvaldo Peredo evoca con su figura la magia de cantores y compadritos que el barrio de antaño forjó en la mitología porteña. Con sus casi ochenta abriles, entona tangos con el fuego que sólo los apasionados logran encender. Su entrega en cada tema le vale la ovación del público y la admiración de colegas. Hace 15 años encanta con su voz en El boliche de Roberto, histórico bar almagrense donde se dice que también cantó Carlos Gardel.


¿Qué era lo que más te interesaba de joven?

Vivía en Boedo, en Independencia y Loria. En mi época estaba la pasión por el fútbol y el tango. A los 17 años Jugué un tiempo en la tercera división de San Lorenzo, allá por el 46. En la radio desde de la mañana hasta la noche había tango. Entonces empecé con un profesor de canto.

¿Estuviese en algún grupo luego?

Un amigo me ofreció estar en una orquesta de barrio, en Pompeya. Eran tipos que laburaban de otra cosa y hacían música los sábados, domingos y feriados. Había un bandoneón, violines y contrabajo.

¿Cómo fue que estuviste en el exterior?

Se dio la oportunidad para ir a Colombia y allí retomé el fútbol. “Contra el destino nadie la talla” (risas), porque aunque desde San Lorenzo estuve sin jugar, volví a las canchas a los 23 años. Jugué en el Sporting de Barranquilla, Colombia. Allí viví 4 años.

¿Hiciste carrera musical afuera?

Un amigo que había jugado en San Lorenzo, me aconsejó que fuera a Medellín, porque “había sensación por el tango”. Escuchaban más que acá. Ahí grabé en las discográficas Seiba, Londina y fonoluz. De ahí pase a Cali, Bogota y luego a Maracaibo en Venezuela. Grabé boleros para la televisión de ese país; donde viví tres años.

Cuándo volviste a Buenos Aires, ¿Seguiste cantando?

Retorné en el 60, en ese tiempo el tango no era de acá. Eras un viejo si lo escuchabas. Empecé en el Rincón de los Artistas en 1977. Estaba ubicado en Jonte y Boyacá, Paternal. Estaban todos los leones como Alberto Morán y Roberto Goyeneche. Éramos una tira de 8 cantores. La noche era muy movida, lunes, martes, miércoles y el fin de semana tenías triplete; se iba de un boliche a otro.

¿Cómo llegaste hasta Lo de Roberto?

Más tarde y luego de trabajar de diversos oficios, en 1993 llegué a El boliche de Roberto, Bulnes 331, un bar de tipos que jugaban al truco. Un muchacho, Agustín Ortega, con un bandoneonísta, empezaron a hacer espectáculos a la noche. Roberto Medina, el hijo del autor de Pucherio de gallina y yo empezamos los jueves. Después nos desencontramos con el bandoneonísta. Fusionamos jueves, viernes y sábado los que habíamos quedado. Ahora toco con otros dos muchachos. El martes estoy con el cantante Leonardo Toscani y el jueves junto al guitarrista Leandro Nikitoff. Hace 15 años estoy acá, dicen que Gardel cantó es este boliche. Habrá sido de pibe, porque él trabajaba en una imprenta a la vuelta.

¿Cómo fue grabar tu primer disco?

Con respeto al disco “Tango”, editado en 2007, lo comencé con un productor no lo terminó. Entonces un amigo me dijo: “¡Cómo no tenés un disco!”. Él no es del palo, pero le puso el pecho y la mosca. Es extraordinario por la grafica, el diseño. Además, el disco viene con un DVD. La mezcla la hizo Horacio Gallo. Para mi es un placer.

¿Qué tenés en cuenta cuando estás en un escenario?

Arriba del escenario hay que interpretar el tema que uno canta. En ocasiones tenés la pinta de perdedor, de enamorado, o irónico. Es como una FM, te pasaste un cachito del dial y te pasaste a otro tango. Yo soy el mejor de los cantores, porque me di cuenta que tenia que aprender. El profesor con el que me instruí dice que la voz es espíritu, es transmitir con verdad. Tal como los buenos actores.

¿Te gusta Gardel?

Me gusta mucho el Morocho. Mi profesor me dijo por qué Gardel es de otro planeta: El zorzal no es mentiroso ni vende espejitos cuando canta. Gardel es lo más natural, no sé si será el mejor, pero es quien más me llega, el que más me convence. El tango se trata de eso.

¿Qué es lo que más te atrae del tango?

El tango tiene material para abarcar, por ejemplo Sus ojos se cerraron es el drama de un tipo al que se le muere la mujer, en un repertorio pasas de ahí a otro tema y te tenés que cambiar de pilcha. Tiene muchos carriles, es por eso que se prenden mucho los jóvenes con esta música. El tango para mí es una obra de teatro, si la sabés comprender estás más cerca de los cantores, de aquellos que sufren, a los que le salen los sentimientos pa juera. Esos son los que te dejan un mensaje.